María de Barbaño en el colectivo imaginario y en la religiosidad popular

Nuestra Historia

De los orígenes al siglo XVI: cristianización y devoción entre los siglos III al XV

Por Pablo Iglesias Aunión Licenciado en Geografía e Historia, especialidad en Historia Moderna y Doctorando sobre Metodología e Historiografía aplicada a la Historia Moderna.

8 septiembre, 2018 para La Ventana de las Vegas Bajas

Los orígenes de la devoción en torno a María de Barbaño están indudablemente unidos a dos aspectos esenciales que nos llevan en el tiempo a los siglos III-IV para hablar del proceso de cristianización de la Comarca y, a partir de los siglos XIII-XIV con la llamada repoblación medieval para entender el nacimiento de una posible institucionalización en torno a su devoción popular comarcal.

Desde que encontramos la presencia de cristianos en la comarca emeritense mencionados documentalmente por la carta de San Cipriano, obispo de Cartago (249-258), quien dirige un rico escrito fechado en el año 254 a varias comunidades cristianas de la Península entre las que cita a la de Mérida, podemos poner de manifiesto que ya existían cristianos en la Comarca a mediados del siglo III. Entre esas comunidades está indudablemente la población residente en la entonces villa romana de Torreáguila de las que las investigaciones, nos ha mostrado como a partir de lo que se conoce como segunda fase de la vida en la villa, surgieron espacios dedicados al culto y la vida espiritual propiamente cristianizados como el baptisterio (lugar para celebrar los bautizos) y el martirium (para la Eucaristía).De igual eco histórico son los momentos de ocupación visigoda en la villa de Torreáguila de manera que, entre los siglos VI-VIII, dicha presencia ha quedado reflejada en las lápidas funerarias de Florencio y Florencia (hoy estos restos están desaparecidos) y que además vinculan ya el acontecer histórico comarcal con la historia montijana descrita del templo parroquial de san Isidro que lo fue en los años finales de la Edad Media (siglos XIV-XV).

Precisamente, la imagen mariana fue encontrada entre los restos de la antigua villa romana en pleno proceso de repoblación, cuando el reino de León tras conquistar la zona por el rey Alfonso IX en 1230, entregó a la Orden de Santiago esta zona y pobladores leoneses llegan con sus devociones y tradiciones a una zona que se les ofrece como protegidos por fueros que aseguraban la paz y la convivencia.

Es así como aquella que es considerada “hija del Anas”, (Bar-hija” como prefijo hebreo y el sufijo “Anas” como río), tendrá en los años centrales del siglo XVI una ermita y cofradía con plena organización y estructura eclesiástica. No olvidemos que, en las primeras referencias escrita sobre ella, aparece como “Barbanna” e incluso “Barvana”.

La ermita y hermandad de Nuestra Señora de Barbaño: siglos XVI-XVIII

La primera e importante descripción de la ermita de Nuestra Señora de Barbaño nos llega en el año 1556, cuando los visitadores de la Orden de Santiago afirman que la ermita está siendo realizada por una sola capilla cuya techumbre es de pino y caña la cual empieza en estos momentos a sufrir las primeras remodelaciones. Ya eran en el año 1553 limosnero de la ermita García Sánchez de Juan, en 1554 Juan Pérez y en 1555, Juan Esteban obteniendo de esta manera el nombre de los primeros ecónomos de la ermita

Durante la segunda mitad del siglo XVI, el edificio o fábrica de la parroquia conocerá importantes remodelaciones y ampliaciones como lo demuestra la descripción realizada por la orden santiaguista en 1605 al hablarnos, de que la iglesia poseía un portal grande, estructurado por cinco arcos de ladrillos: “…los tres en la delantera y los dos a los lados cerrados, alrededor de poyos y respaldones de ladrillo…Dicho portal está al viento, a dos aguas, con nueve cuarterones de madera de pino, alfajías y el tejado encima…” Además, poseía en lado derecho del portal, un altar de ladrillo donde se decía misa cuando se va en procesión.

Pero indudablemente, una de las grandes riquezas ornamentales y artísticas que poseía aquella ermita era la presencia de un rico altar mayor que hoy en día ha desaparecido. Realizado en madera de pino, poseía tabernáculos dorados y pintados, todo ello para contener la imagen de Nuestra Señora de Barbaño, sobre la que al aire aparecían dos ángeles que portaban una corona. Encima de todo ello Dios Padre, tallado de medio bulto guarnecido en otro tabernáculo. En esta descripción de la visita de la Orden de Santiago en el año 1605 se termina diciendo en referencia a dicho altar mayor: “…la guarnición de un piso de serafines de talla un frontispicio dorado y pintado…todo ello muy bien acabado.”

El camino por el siglo XIX

El amor del pueblo montijano por su Patrona se incrementa año a año: rogativas, procesiones, ofrendas, devociones, gracias y un todo un largo etcétera que nos hace entender por qué hoy, la Feria y Fiestas se hacen en su honor.

Su presencia en el colectivo imaginario y en la religiosidad popular montijana estará presente en diferentes momentos como por ejemplo, a inicios de siglo cuando en 1801 a consecuencia de una fuerte sequía, la Hermandad de la Patrona a petición de los labradores de Montijo realiza un Novenario; la devastadora Guerra de la Independencia de los franceses (1808-1814); las rogativas igualmente por la sequía por los años centrales del siglo y de manera tan especial la Epidemia del Cólera Morbo (1854-1861).

Los años cruciales para entender las fiestas que ahora celebramos del 8 de septiembre llegan entre 1856 y 1862 cuando se unen las mencionadas feria y fiestas que ya en tantas ocasiones ha sido publicado y explicado.

Cofradía, patronalidad y feria. Sentimiento, pueblo y fe. Respeto, devoción y libertad. Todo un conjunto de manifestaciones que han hecho perdurar a lo largo del tiempo el verdadero sentido que sostiene tantas cosas en Montijo. Recordando a la Patrona de Montijo no dejaremos caer en el olvido los muchos siglos de historia que sin ella, perderían su sentido porque en el sentido de la fe en torno a María de Barbaño, muchos montijanos han edificado su vida, su familia y su forma de actuar.