¿Por qué una «Novena» a María Stma. de Barbaño? (1ª parte)

Es una celebración a la que no debería faltar ningún hermano y devoto de nuestra Patrona

Pablo Iglesias Aunión.- Hermano Mayor

María Stma. de Barbaño: devoción, amor y pasión monitijana

Los hombre de nuestro tiempo nos sentimos «como llevados por las marejadas de fondo del movimiento oceánico.» Estamos «mecidos por las olas de turno de la sociedad: las novedades». Nos sentimos identificados con tantas cosas que en la mayoría de las ocasiones no sabemos de dónde venimos, a qué pertenecemos y mucho menos a dónde vamos.

Miércoles 7 de septiembre: entrada de la imagen tras la procesión, en el templo de San Gregorio para su «ofrenda floral».

¡Soy hermano de la Stma. Virgen de Barbaño! ¡Mi devoción es enorme por mi Patrona! Pero a la hora de la verdad: ¿Es realmente práctico todo ello en mí? No. No voy a caer en la tentación de decir: «mucho querer a la Patrona pero en sus fiestas patronales me marcho a la playa.» Obviamente cada uno es libre de hacer lo que quiera o mejor dicho, cuando pueda. Pero entonces, hay que ser muy prudente con ciertas cuestiones y pronunciaciones (en las que ahora no vamos a entrar, ni siquiera abrir lo que para algunos -deseosos- sería «la caja de los truenos»).

Vamos a hablar de la Novena a María Santísima de Barbaño, tú Patrona; esa Madre a la que sabemos que amas desde lo más profundo de tu corazón como montijano. Entonces, para poder hablar de «la novena» tenemos, como en todas las cosas, que saber de qué hablamos.

¿QUÉ ES UNA NOVENA? ¿POR QUÉ SE HACE?

Programa de la Novena Parroquial en San Gregorio

Desde el primer momento descartamos, nos negamos y no aceptamos la afirmación de que la Novena se hace «por tradición». Ya lo hemos dicho en alguna ocasión, «del pasado se aprende, pero no se vive de él porque entonces uno se queda en él y no tiene sentido de la realidad, del presente y menos del futuro.» Entonces ¿todo esto de una Novena a la Virgen por qué y para qué? Incluso nos ciega esa sin razón «de quedar atado al pasado» a pesar de que delante de nosotros muchas cosas se estén muriendo de soledad.

La novena (del latín novem), tal como lo propone la Iglesia Católica, consiste en orar durante nueve días consecutivos, generalmente para confiar una intención a Dios o pedir una gracia particular. Esta forma tradicional de oración, muy popular y fomentada por la Iglesia desde la Edad Media, recurre generalmente a la intercesión de la Virgen María o de un santo, en nuestro caso ya sabemos que es a María Santísima bajo la adveración de Barbaño.

La siguiente cuestión es: por qué nueve días. Hoy en día, se considera que los nueve días de una novena generalmente se refieren a los nueve días entre la Ascensión y Pentecostés. En la Biblia, este período es para los discípulos y la madre de Jesús, un período de espera que ellos viven en oración. «Todos ellos perseveraron en la oración con un mismo espíritu» (Hechos 1, 14) al final del cual recibieron al Espíritu Santo.

Por tal, aquello de «hago la Novena siempre, todos los años: no le falto a la Virgen…», debe ir indudablemente a un objetivo claro y final. María está siempre con nosotros y te quiere cada Domingo en la Eucaristía: la gran fiesta de los cristianos, el encuentro sublime con Dios, la herencia de Cristo mismo: ¿sigues asistiendo cada Domingo al encuentro con Cristo y su Madre María de Barbaño en tu parroquia? Aquí está una de las claves del por qué realizar la novena (una, fundamentalmente y principal, pero no la única).

¿ES LA MEJOR FORMA DE ORAR?

Santa María de Barbaño en el templo parroquial de San Gregorio Ostiense de Montijo

La novena no es en sí más efectiva que cualquier otra forma de oración. Lo que hace que la oración sea «efectiva», si se puede así decir, es sobre todo la calidad de nuestra presencia y de nuestro compromiso. De hecho, cuando nuestra oración va acompañada de un profundo deseo de abrir nuestro corazón a Dios para vivir su presencia real y ponernos en sus manos, entonces el Señor puede actuar y hacer que nuestros deseos se ajusten a su voluntad. Nuestra oración se vuelve entonces «efectiva» en la medida que permite para lo cual está hecha: acercarnos al Señor y hacernos descubrir la verdadera alegría que solo puede venir de Él.

La novena, en cambio, es una forma privilegiada de orar porque nos permite tomar tiempo para la oración: para poner una situación difícil a los pies del Señor, confiarle con devoción una intención particular, como el caso de su madre, María de Barbaño, preparar nuestros corazones para recibir sus gracias, acoger al Espíritu Santo para que nos ayude a discernir…

Ella sabe escuchar todo lo que nuestro corazón habla. Es admirable en estos días de septiembre acercarse a los templos de San Pedro Apóstol (29 de agosto al 7 de septiembre) y ahora en San Gregorio Ostiense (8 de septiembre al 2 de octubre) y observar a los montijanos sentados ante la imagen de la Patrona: sus ojos clavados en los de ella; las manos de los devotos tendidas con deseos de tocarla; gestos de entrega del hombre montijano a la divinidad. Un ejemplo. En la procesión del pasado miércoles 7 de septiembre, pude observar entre el enorme gentío por todas las calles de su recorrido de un templo a otro, como algunas personas, al paso de la imagen de María de Barbaño lloraban, personas de todas las edades: ¡ya por ello, mereció la pena!

(«¿Qué pedimos y cuáles son los frutos de la Novena» IIª Parte).

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